Santa Eulalia

 

Eulalia, una de las Santas más famosas y queridas de España, atrajo tanto a John William Waterhouse que la plasmó en esta obra en el año 1885. El lienzo, que contiene en una simple y pequeña escena todo el mito de la joven, se encuentra actualmente en la Tate Gallery de Londres.

 

Ficha técnica:

- Técnica pictórica: óleo sobre lienzo

- Medidas: 117,5 x 186 cm.

 

La historia de vida y muerte de Santa Eulalia nos ha llegado gracias al poeta latino (y de origen hispano) Aurelio Prudencio Clemente, quien escribió un himno en su honor en el siglo IV d. C.

 

La joven Eulalia (significa “la que habla bien”), nacida en Emerita Augusta o actual Mérida en el año 292, vivió a sus 12 años de edad -hacia el 304- la promulgación de un decreto del emperador Diocleciano que prohibía a los cristianos dar culto a Jesucristo; además, el decreto les obligaba a adorar tan sólo a los dioses romanos, calificados de “paganos” por los cristianos. Eulalia sintió que la nueva ley era injusta y decidió protestar por ello ante los delegados del gobierno.

La madre (o padre según el relato de Prudencio), viendo que su hija podía correr peligro por su actitud rebelde, se la llevó a vivir al campo, aunque más tarde, aprovechando la noche, la joven huyó a Mérida. En esta ciudad, Eulalia se presentó ante el pretor Daciano para protestar sobre el decreto. En un primer momento, Daciano intentó sobornar a Eulalia con regalos y promesas que le aseguraban ayuda perpetua. Sin embargo, al ver el pretor que la joven no daba su brazo a torcer respecto a sus ideas cristianas, decidió elegir la amenaza para amedrentarla mostrándole los instrumentos de tortura y describiéndole cómo los utilizaría con ella si no obedecía la ley. Daciano le dio entonces a Eulalia pan para ofrecérselo a sus dioses e incienso para el ritual, pero la joven tiró esos elementos al suelo y juró fidelidad únicamente a su Dios. Prudencio cuenta la escena de otra forma, pues escribe que Eulalia, tras las amenazas del pretor, quedó callada e, indignada, le escupió en el rostro a Daciano y tiró al suelo las estatuas de sus dioses “paganos” junto con la torta sacrificial.

En ese instante, los verdugos comenzaron a desgarrar los pechos y costados del cuerpo de Eulalia, mientras ella, sin ningún tipo de padecimiento, rezaba a su Dios. Viendo que este tormento no le causaba dolor alguno, la azotaron y después apoyaron sobre sus heridas antorchas encendidas. El cabello de la joven se acercó demasiado a la antorcha y empezó a arder. Las llamas fueron cubriendo todo su cuerpo y Eulalia murió quemada.

Una vez muerta, las personas que se habían agolpado alrededor del foro aseguraron ver cómo una paloma blanca salía de la boca de la joven y se dirigía al cielo. Esta paloma era el alma de Eulalia que ascendía a los cielos para reunirse con Dios. Ante esta señal, los verdugos de la joven huyeron despavoridos y arrepentidos.

Entonces, la nieve comenzó a caer y a cubrir el suelo y el cadáver de la joven virgen con el fin de conservarlo hasta que unos días después unos cristianos se lo llevaron para enterrarlo en santa sepultura; en su tumba, se construyó un templo en honor a la Santa.


Iglesia de Santa Eulalia de Mérida
Iglesia de Santa Eulalia de Mérida

 

Santa Eulalia es la patrona y alcaldesa perpetua de Mérida, ciudad española que la vio nacer y morir. Su festividad se celebra el 10 de diciembre, día en que fue martirizada.

 

Waterhouse reflejó en Santa Eulalia a la joven virgen ya perecida, cuando la nieve ya había caído en cantidad y cuando la paloma blanca o ánima de Eulalia ya había salido de su cuerpo sin vida.

 

A primera vista, en el cuadro podemos distinguir dos zonas o planos: el que está más cerca del espectador y donde es halla Eulalia, y el del fondo, donde se encuentra la multitud observando el martirio.

La joven Eulalia se encuentra sin vida en el suelo en un primerísimo plano. Aparece tumbada en una postura muy característica, ya que, sin nos fijamos bien, su cuerpo forma una cruz latina. Además, sus vestimentas son totalmente parecidas a las que Jesucristo llevaba cuando fue crucificado: un manto cubriendo, tan sólo, las partes íntimas; el pecho de la virgen aparece descubierto, como lo enseñaba hacía tres siglos antes Jesús. De esta forma, aparece un gran paralelismo entre Cristo en la cruz y el cuerpo de Eulalia, quien, además, defendía fervientemente su creencia en Jesucristo (razón por la que fue asesinada).


Detalles de "Santa Eulalia" y de "Cristo en la cruz" (1614) del Greco.
Detalles de "Santa Eulalia" y de "Cristo en la cruz" (1614) del Greco.

Otro punto de interés es el rostro de la virgen, que muestra tranquilidad y, al igual que su postura, dignidad. Eulalia prefería morir a tener que renunciar a sus creencias cristianas, por lo que su muerte fue, en parte, querida y voluntaria, subiendo a los cielos junto a su Dios; por ello, su expresión no es que muestre felicidad, pero sí serenidad.


Como ya he explicado más arriba de esta entrada, Prudencio describe en su himno a Eulalia que la joven fue acuchillada, azotada y quemada. Waterhouse prefirió (quizás para reflejarla más dignamente o por no ser del gusto de la sociedad aristocrática de la época) no pintar de esa forma a la santa, apareciendo ésta en el lienzo con un bello cuerpo, incluso con piel luminosa, sin ninguna gota de sangre, sufrimiento y herida. El cabello tampoco lo reflejó quemado, como cuenta Prudencio. El único signo en el cadáver que demuestra la escena previa de tortura es la cuerda rota atada a su muñeca derecha.


A mano derecha, junto al cuerpo de Eulalia, hay una cruz (otro paralelismo con Cristo) atada a los muros en su parte baja por medio de cuerdas y un grillete. En lo alto de la cruz podemos ver un papel sujetado a la madera por dos gordos tornillos, siendo posiblemente el texto que inculpaba a la joven por no obedecer las leyes provenientes del emperador romano.


 

También en la parte derecha del lienzo se encuentra, bastante oculta entre nieve y palomas, la firma de J. W. Waterhouse.


 

Un elemento inerte, sin vida ninguna, se convierte en uno de los “protagonistas” de la obra: la nieve. La historia contada por Prudencio explica que, cuando Eulalia murió, la nieve empezó a caer del cielo para conservar el cadáver hasta la llegada del grupo cristiano que la enterraría. La nieve, por su color blanco, simboliza pureza, aspecto principal de la personalidad de la joven. En el cuadro vemos nevar, vemos pequeños copos de nieve caer de lo alto, y el suelo totalmente blanco, ya cubierto de nieve.


 

Además de la nieve, las palomas cubren la escena. Esto difiere del relato del mito de la santa, pues cuenta que tan sólo una paloma salía de la boca del cuerpo de Eulalia.

Sin embargo, una de las palomas se diferencia del resto en cuanto que vuela hacia el cielo, mientras que el resto de estas aves están en el suelo o cerca de él; y las personas del fondo la miran y señalan, demostrando así que esta paloma es el ánima de Eulalia.


Dos soldados con vestimentas romanas aparecen en Santa Eulalia, por lo que el momento en el que los enemigos de la joven huyen despavoridos ante la aparición de la paloma-alma no hay llegado.


 

Al fondo de la escena, sobre el suelo blanco totalmente cubierto de nieve, se agolpan los fieles seguidores cristianos de Eulalia. Cristianos porque, a diferencia de los romanos presentes, visten ropas humildes, vestidos largos hasta el suelo y mantos que cubren sus cabezas; si nos acordamos de cuadros de temática religiosa o de las películas típicas que nos ponen en la televisión por Navidad, los primitivos cristianos aparecen vestidos de esta forma. Incluso la mujer vestida de blanco que aparece en primer lugar de rodillas en el suelo y con las manos juntas, como rezando, podría evocar a la madre de Cristo.

El niño presente señala al cielo, a la paloma o alma de la santa que escapa a los cielos.


 

Un símbolo muy característico de esta santa, y de otros muchos, hace presencia en el cuadro. Dos de los cristianos espectadores levantan en sus manos una palma.


 

Por último, el foro donde el martirio se ha llevado a cabo está situado en Emerita Augusta; según las fuentes que he leído, existió de verdad en el siglo IV y el lienzo muestra una gran fidelidad arqueológica a ese foro. En cuanto a los asuntos técnicos de la plaza, las columnas del peristilo del fondo son dóricas, mientras que la que aparece a la izquierda, en un plano más cercano, es de estilo corintio.


 

Waterhouse dedicó todo este lienzo al martirio de la Santa Eulalia de Mérida, protagonizando de nuevo una de sus obras una bella mujer. Sin embargo, en este caso hace presencia la temática religiosa de carácter cristiano, y no los temas griegos o literarios más característicos del pintor. Y, a pesar de que, como en muchas de sus obras, la figura femenina aparece con el pecho al descubierto, aquí no aparece ninguna intención sexual, sino todo lo contrario: la pureza y la dignidad embriagan el cuerpo de Eulalia. También llama la atención que Waterhouse no reflejase ningún signo de la tortura sufrida por la joven, pero, como iremos viendo a través de sus lienzos, aquél nunca representó escenas macabras o sangrientas. Vida y belleza caracterizan su carrera artística.

 

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