Jasón y Medea

 

La hechicería y la magia propia de las mujeres en los mitos de la Antigüedad griega llevaron a Waterhouse a pintar Jasón y Medea (actualmente integrada en una colección privada) en el año 1907, obra ilustrativa de uno de los episodios de la famosa leyenda de los Argonautas.

 

Ficha técnica:

- Óleo sobre lienzo

- 134 x 107 cm.

 

Como bien dice el propio título del lienzo, en la escena se refleja al valeroso Jasón y a la bruja Medea, la cual, bajo la atenta mirada de su amado, prepara una poción mágica. Para conocer el porqué del episodio pintado por Waterhouse es preciso narrar brevemente la historia de Jasón y los Argonautas, en la que Medea adquiere un papel fundamental como vengadora (además de como hechicera).

 

Jasón, hijo del rey de Yolco, le reclamó el trono que legítimamente le pertenecía a su tío Pelias, pero éste, que años antes había sido advertido por el oráculo de que un hombre haría peligrar su trono, pensó una estratagema para alejar a su sobrino de la ciudad: le ordenó la difícil misión de robar el vellocino de oro ubicado en la Cólquida (Cáucaso).

Después de diversas aventuras, Jasón y los Argonautas (nombre que recibió el grupo de héroes griegos que lo acompañaron) llegaron a la Cólquida, cuyo rey Eetes le prometió entregarle el vellocino si conseguía atar al yugo a los dos bueyes que custodiaban tan preciado tesoro, arar un campo con ellos y sembrar dientes de dragón. Como esta era una tarea más que imposible, Medea, hija del rey y hechicera, fue a la tienda de Jasón, del que se había enamorado, y le dio una pócima para que ni los toros ni la serpiente pudiesen dañarle.

 

Esta es la escena que Waterhouse imprimió en el lienzo, el momento en el que Medea va a la tienda de su enamorado Jasón y le prepara la pócima mágica que le salvaría de los temerosos bueyes.

 

El rey Eetes, enfurecido porque Jasón había conseguido hacer las tareas, se negó a cumplir su parte del trato. Ante esta actuación y desobedeciendo a su padre, Medea llevó a los Argonautas al bosque donde estaba escondido el vellocino de oro. Su guardián era una serpiente a la que Medea, con sus poderes hipnóticos, durmió, pudiendo entonces Jasón llevarse el vellocino.

Tras el robo, los Argonautas partieron de la Cólquida junto con Medea, puesto que, enamorada de Jasón y por miedo a que la juzgasen por traición, le había pedido huir con ellos a cambio de ayudarlos. Jasón le devolvió el favor prometiendo casarse con ella.

Eetes envió a su hijo Apsirto con una flota para perseguirlos. Los Argonautas, ya en Córcira (Corfú), donde estaban bajo la protección del rey Alcínoo, fueron interceptados por los colcos, encabezados por Apsirto. Encontrados ambos bandos, Jasón acordó con Apsirto entregarle a Medea si les permitía continuar el viaje. Pero Medea, enterada de esto, hizo que su hermano acudiese sólo a la negociación, lo cual fue aprovechado por el héroe para asesinarle.

El rey de Córcira, como juez entre los Argonautas y los colcos, le dijo a su esposa Arete que entregaría a Medea a los enemigos si seguía siendo virgen. La reina, embaucada por la hechicera, se lo comunicó a Medea y esa misma noche fue desvirgada por Jasón.

Medea y Jasón llegaron a Yolco y el rey Pelias se negó a entregarle el trono a su sobrino, a pesar de que éste se había jugado la vida para conseguir el vellocino de oro. Fue Medea la que conspiró contra Pelias convenciendo a las propias hijas del rey para que lo matasen, puesto que les dijo que podrían devolverle su juventud si lo partían en trozos y lo cocían. Después de esto, el matrimonio tuvo que huir a Corinto, pues los habitantes de Yolco no aceptaron el asesinato.

En Corinto Jasón y Medea vivieron felices durante diez años y tuvieron dos hijos llamados Mérmero y Feres. Sin embargo, tras esos años Jasón repudió a su mujer y acordó con el rey Creonte abandonarla para unirse a su hija, la princesa Glauca (o Creúsa). Medea estalló en celos y envió a Glauca como regalo de bodas un manto encantado que, al colocárselo, consumió a la princesa en llamas; también su padre Creonte falleció al abalanzarse sobre el fuego para salvar a su hija. Y, para hacer el máximo daño a Jasón, Medea mató a sus dos hijos que, a su vez, eran los de ella. Otra versión cuenta que fueron los habitantes de Corinto los que mataron a los hijos de Jasón y Medea cuando ésta mató a Glauca.

La historia de Jasón y Medea acaba aquí, aunque las aventuras de cada cual continuaron hasta el final de sus vidas.

 

Medea ha sido presentada en ocasiones como una buena y virtuosa mujer que no cometió más pecado que enamorarse de y casarse con Jasón, y que fue él quien la abandonó injustamente, razón por la que Medea enloqueció de celos.

 

Y, así, José María de Heredia en su poema Jasón y Medea dice:

[…]

Amor les sonreía. Mas la fatal esposa

Llevábase consigo, colérica y celosa,

Con su padre y los dioses, los filtros del oriente.

 

El lugar donde se encuentran Jasón y Medea en el lienzo es tétrico, oscuro y siniestro, como la acción que la hechicera está realizando en ese mismo instante. A su espalda se puede ver un bosque y, al fondo, el final de éste, ya que se observa el azul del cielo entre los árboles. Ambos están sentados en sillas (o mejor sillones) de mármol, como si fuese un pequeño complejo para la magia en medio de un bosque, un lugar del oráculo o de las brujas. En la parte del asiento que se ve de Jasón aparece esculpida una pata, quizás de león o grifo, con lo que parece ser una serpiente.


 

No es la única serpiente que aparece en la pintura. Junto a Medea hay una serpiente que, enrollada a lo que parece ser un árbol o una columna cubierta de vegetación, se acerca a la poción y la mira atentamente. La serpiente, como animal venenoso e intrigante, ha sido asociado en muchas ocasiones a la bruja malvada, razón por la cual Waterhouse la representó con Medea. También es posible que simbolice a aquella serpiente a la que Jasón debía enfrentarse para conseguir el vellocino de oro.


 

Otro animal invade el lienzo, en este caso a los pies de la hechicera: una rana. Podemos imaginarnos (por películas, libros…) la función que este anfibio puede tener para una bruja y más si en el lienzo se encuentra cerca de los utensilios usados por Medea para hacer la pócima. Por tanto, la rana, al ser uno de los ingredientes principales para la elaboración de brebajes mágicos, es una señal o símbolo de las brujas.


 

Insistiendo en el tema de la hechicería, en la parte izquierda Waterhouse pintó, como ya he mencionado, los utensilios necesarios para la elaboración de la poción. Se puede observar una especie de caldero dorado, más propio de oráculos y hechiceros griegos, que rezuma un humo blanquecino, dando así mayor misterio a la obra; de ahí Medea ha obtenido el brebaje que convertirá a Jasón en un hombre invencible ante los bueyes y la serpiente que custodian el vellocino.


 

Bajo este caldero se pueden intuir unos objetos dorados y brillantes con toques azulados, pero me ha sido imposible averiguar qué puede ser (quizás más objetos de hechicería, joyas, el vellocino de oro…).


 

Jasón, sentado a la izquierda de la mujer, observa cómo ésta termina la pócima. Su expresión de calma y la postura de su cuerpo demuestran una especie de sumisión a Medea, posiblemente porque el momento lo intriga y lo intimida, razón por la cual su cuerpo se encoje y se pliega lo más posible; es decir, Jasón está sometido a los designios de Medea, pues de ella depende su vida (de la poción). Y de este modo lo vemos sentado al borde del asiento con los pies casi de puntillas, lo que demuestra nervios e inquietud, con las piernas flexionadas y totalmente juntas, con ambas manos sujetando con fuerza -pues hasta se le notan las venas- la lanza y la espalda encorvada hacia delante, observando el cáliz que sostiene su futura esposa.


 

Además, Waterhouse plasmó a Jasón vestido de guerrero, con lanza, espada, casco y espinilleras, en señal del posible peligro que podía estar atravesando en ese momento por la brujería de Medea.


Pero es Medea el centro del cuadro, tanto lumínico como temático. Las vestimentas azules de Jasón destacan, aunque por encima están las de la hechicera, de un color rojo sangre que invade la escena por completo. Los bajos de la falda tienen unos detalles en círculo que, con imaginación, podrían ser más serpientes. Este vivo color rojizo contrasta notablemente con la penumbra que invade toda la zona alta del cuadro, la parte del bosque; tal es la oscuridad que el cabello negro de Medea casi no se distingue del tono de los árboles.


 

La figura de Medea es impactante, y no sólo por el colorido rojo que la embriaga, sino por la expresión de su rostro. Se podría decir que aparece como la típica hechicera, con cabello oscuro y piel blanca (en comparación con la de Jasón). Su rostro, concentrado en el cáliz y en el pequeño frasco de brebaje que sostiene con manos tensas, aparenta maldad. Los ojos, al igual que el pelo, los tiene ocultos en penumbra, aunque puede verse un pequeñísimo brillo en ellos.


 

En comparación con Jasón, Medea presenta una postura más solemne, con la espalda bien recta, mostrando así que es ella la que domina la situación. Además, por debajo de la falda asoman sus pies descalzos, quizás símbolo de tranquilidad, de que se encuentra relajada en ese ambiente, o de pureza en cuanto a contacto con la tierra (muy propio de hechiceras) o la virginidad que cuenta la leyenda de los Argonautas.


 

De nuevo, la mujer se convierte en protagonista de un lienzo de Waterhouse, aunque bajo el aura de maldad y hechicería. En Jasón y Medea el hombre aparece sumiso y sometido a la figura femenina, cuyo rostro refleja la crueldad que más tarde cometerá al matar a sus propios hijos con el simple fin de dañar a su esposo. Aunque, a pesar del despecho y la locura que le llevaron a cometer el parricidio, Medea debería ser considerada una heroína, pues colaboró notablemente a que los Argonautas consiguiesen el vellocino de oro.

 

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