Neoclasicismo

 

Los estilos Barroco y Rococó dominaban el arte hasta que, a partir de 1760, como reacción a esos dos movimientos, fue imponiéndose el Neoclasicismo (primero en Roma y luego, especialmente, en Francia).

 

Esta corriente artística reflejaba los principios y pensamientos de la Ilustración, especialmente la idea del orden y la estabilidad regidos por la imposición de la razón sobre las pasiones y emociones. Cuando la Revolución Francesa estalló, el movimiento neoclásico fue adoptado por la burguesía como estilo propio, oponiéndose así al ideal rococó de la aristocracia.

 

El objetivo principal del Neoclasicismo era revivir la Antigüedad clásica en cuanto a arte sereno, puro y simple a la vez que grandioso. La Antigüedad grecorromana se había puesto de moda en la época a causa de los descubrimientos arqueológicos de las ciudades de Herculano y Pompeya.


El rapto de las Sabinas. Jacques Louis David, 1799
El rapto de las Sabinas. Jacques Louis David, 1799

 

La idea era que el arte debía tener una función didáctica y moralizante, que debía educar, y esta actitud se percibía en la Antigüedad clásica; si las virtudes éticas del pasado influían en la sociedad del momento, ésta podría reformarse o regenerarse.

 

Debido a la época en la que se expandió el movimiento, los lienzos que más abundaron fueron los de historia, aquellos que reproducían hechos históricos tanto del pasado, como mitos griegos y romanos, como del presente, de la Revolución Francesa y de Napoleón Bonaparte. Los temas clásicos tenían el fin de mostrar una moraleja, de impartir moralidad, mostrando historias que reflejaban valores importantes en su momento, como el patriotismo.


Detalle de La consagración de Napoleón y la coronación de Josefina. Jacques Louis David, 1806.
Detalle de La consagración de Napoleón y la coronación de Josefina. Jacques Louis David, 1806.

 

Las composiciones pictóricas eran bastante sencillas, ya que se destacaba en un primer plano a los personajes protagonistas y el fondo quedaba sumido en la penumbra del claroscuro. Además, los paisajes se dejaron a un lado para representar arquitecturas arcaicas y clásicas. Las figuras humanas que ocupan el lugar central de los cuadros suelen destacar por su anatomía perfecta, ideal recuperado de la Antigüedad.

 

Francia es el país en el que el Neoclasicismo arraigó con más fuerza. El principal representante francés, y en general, del movimiento neoclásico es Jacques Louis David, quien ensalzó los valores de la Revolución Francesa y a quien Napoleón convirtió en su pintor de cámara para elaborar sus retratos oficiales. Algunos de sus cuadros más conocidos son Juramento de los Horacios (1784), La muerte de Marat (1793) o Napoleón cruzando los Alpes (1799).


 

Alrededor de 1830 el Romanticismo fue ganando terreno, por lo que muchos de los artistas que habían estado arraigados a los aspectos neoclásicos los abandonaron para comenzar una nueva etapa romántica.

 

Los discípulos de David (como Antoine-Jean Gros), ya metidos más profundamente en el siglo XIX, mezclaron en sus obras los rasgos neoclásicos con los del nuevo movimiento romántico. Pero es en el neoclasicista Anne-Louis Girodet-Trioson donde se ven los primeros aspectos del Romanticismo. Jean Auguste Dominique Ingres es otro de los grandes representantes del Neoclasicismo.


 

Waterhouse recurre muchísimo a los temas de la Antigüedad clásica, típico rasgo neoclásico. Sin embargo, se desvía de la línea del Neoclasicismo en, por ejemplo, la representación de las figuras femeninas: aquél las pintaba desnudas, mientras que el movimiento neoclásico las dibujaba siempre vestidas (los hombres sí eran representados sin vestimentas). Tampoco tematizaba puntos históricos culminantes, historias de grandeza o patriotismo, sino más bien escenas literarias o personajes mitológicos femeninos en su cotidianeidad.

 

Ulises y las Sirenas. Waterhouse, 1891
Ulises y las Sirenas. Waterhouse, 1891
Comentarios: 1
  • #1

    Mariana (martes, 13 octubre 2015 15:38)

    Muy bueno su contenido, realmente me ayudo bastante