Estilo artístico de john william waterhouse

 

El estilo pictórico de John William Waterhouse estuvo prácticamente inalterado y lineal durante toda su carrera artística, aunque la temática fue variando a lo largo de los años. Siempre tuvo un estilo elegante y romántico -que lo acerca al Simbolismo-, lleno de paisajes idílicos a la vez que realistas con los que reflejaba una atmósfera de ensueño, fantasía y misterio. Su pasión y el centro de sus lienzos es la belleza femenina, representada en ocasiones bajo la idea de femme fatale. Waterhouse creó un nuevo modelo de belleza, mezclando en las mismas figuras femeninas el exotismo con la Antigüedad o el Clasicismo.

 

Las pinturas que Waterhouse creó con tan sólo 20 años se acercan al mundo oriental. Más tarde, cuando a partir de los 28 años de edad comienza a viajar por el extranjero, sus obras se ven influenciadas por la vida y las tradiciones italianas, ya que sentía un gran apego por Italia, su país de origen. Durante esta primera época, los temas de sus creaciones se centran en la historia antigua de Grecia y Roma y en el género clásico, siendo sus trabajos comparados con los del pintor prerrafaelita Lawrence Alma Tadema (por ejemplo, Consultando el Oráculo de 1884). Sin embargo, el arte de Waterhouse fue mucho más atrevido y arriesgado que el de Tadema, además de que las historias reflejadas por el pintor italiano eran más dramáticas. Debido a los temas plasmados, aquellos expandidos por la Hermandad Prerrafaelita, el estilo de Waterhouse fue considerado Prerrafaelita, como el de Burne-Jones y Leighton. Parece ser que en esta primera etapa el pintor italiano también hizo algunas alusiones a su infancia y a los lugares en los que estuvo.

 

Es a partir de 1880 cuando cambia la temática de sus obras y se centra en la literatura, como los cuadros que reflejan los poemas de Tennyson, y en la mitología griega, como la obra de Homero. En torno a 1893, Muriel Foster empezó a posar para Waterhouse, apareciendo en muchos de sus lienzos (La Bella Dama sin Gracia, 1893; Flora y los Zéfiros, 1898; La Sirena, 1900; Danaides, 1904; Lamia, 1905; Un Cuento del Decamerón, 1916; El Jardín Encantado, 1916; entre otros).

 

Desde el año 1900, la pintura de Waterhouse es más pausada y relajada, utilizando colores más claros y brillantes a causa, principalmente, de la influencia del nuevo movimiento francés de la época: el Impresionismo.

 

Para algunos expertos, el estilo artístico de Waterhouse no puede considerarse Prerrafaelita, pues no utilizaba la misma técnica pictórica. Según éstos, aunque su temática se acerque a la de los prerrafaelitas, sus cuadros se aproximan más al Romantiscismo o Neoclasicismo Victoriano, ya que se centró en temas mitológicos y literarios de la Antigua Grecia y Roma, en un arte más clásico. No obstante, para otros su estilo puede considerarse Prerrafaelita “tardío”.

 

Tanto en vida como después de su muerte, el estilo de John William Waterhouse inspiró a jóvenes artistas que lo seguían con admiración, como Arthur Hacker, Herbert James Draper y Byam Shaw.

 

Escribir comentario

Comentarios: 0